jueves, 26 de abril de 2018

Tentadero en El Torreón

Surgió de la sombra de una encina en medio de la tarde extremeña. Cercano y afable  desde el primer momento. Ajeno a cualquier protocolo. Cálido. La piel tersa a pesar de la edad. La cadencia de su habla delatando un deje de ultramar.


Nos condujo hasta la plaza de tientas y, durante el tentadero, permaneció a mi lado mientras yo grababa. “A ésta hay que darle más distancia”. “Yo la pondría más cerca del caballo". “Demanda un toreo en línea”

Didáctico sin caer en la pedantería. Conversando casi en susurro para no molestar. Atento en todo momento al comportamiento de las vacas. “El toreo está en las palmas”. “Los dos brazos deben ir siempre a la misma altura”…¿Sabes que la primera vez que me puse delante de un animal fue directamente de un toro de 450 kilos?”. “Me hubiera encantado ser torero pero éramos muchos en casa y había que ayudar.”

Tentadero en El Torreón

Sale la última vaca  y don Gonzalo sigue desgranándome su vida mientras yo grabo y permanezco atento a mi matador.  “Tuve que ponerme a trabajar muy pronto de albañil, a los 8 años. No pude dedicarle tiempo al toro aunque me divertía toreando de salón.” “Mi infancia y mi vida no han sido fáciles”, concluye con una sonrisa a medias que camufla una mirada involuntariamente abanta del ruedo por unos segundos.


Su hijo sigue dirigiendo el tentadero desde una ventana. Su hijo, ése mismo que un año abrió 4 veces la puerta grande de Las Ventas. Ése al que una tarde Madrid le cambió la vida cuando lo erigió “su césar”.

César Rincón y Curro Vázquez, dos "toreros de Madrid"

sábado, 3 de febrero de 2018

Domingo Hernández

Viernes, 2 de Febrero de 2018

Martes, 16 de Enero de 2018, hacía media hora que habíamos salido de Madrid camino de Salamanca cuando, a la altura de Villalba, recibimos una llamada de Justo. Su padre acababa de ser ingresado en la UVI por una complicación en su salud. Había que posponer el tentadero.

La primera vez que yo fui a esa ganadería - Domingo HernándezGarcigrande -  cercana a Alaraz (Salamanca) fue en 2005. Era invierno y caía el sol. Cayetano se estaba preparando para debutar en Ronda. Domingo todavía presenciaba los tentaderos aunque era su hijo Justo el que ya se iba encargando del día a día.

Domingo Hernández

Recuerdo el frío de su plaza cubierta – a donde un día nos acompañó Adrien Brody – y las comidas posteriores regadas con buen vino en unas mesas dispuestas de modo asambleario, formando un rectángulo con todos los comensales sentados de un solo lado mirando hacia el centro del cuadrilátero.

También recuerdo la peregrinación de toreros hasta su plaza techada los días de mal tiempo para no suspender su preparación los días previos a Fallas o Sevilla.  Como aquella tarde de lluvia en que coincidimos Juli, Manzanares, Talavante y Cayetano formando un  cartel rematado para cualquier feria.

Domingo Hernández y su hijo Justo en Sevilla

Dos semanas después de aquella llamada, ayer nos sorprendió la noticia de su fallecimiento. Hacía tiempo que no lo veíamos cuando acudíamos a la finca. Su hijo Justo es un digno continuador de su obra. Domingo puede descansar tranquilo… D.E.P. 


martes, 30 de enero de 2018

Los Santos Inocentes

Alburquerque, 23 de Enero de 2018

Afuera, el ritual de la noche y las estrellas sobre la dehesa extremeña. Dentro, la trasmisión oral, milenaria, de las historias alrededor de un fuego. 


“¿En esta zona se rodó “Los Santos Inocentes”, verdad, Jesús?” Pregunté invitando a conversar.



- “Sí. ¿Recuerdas la escena en la que Paco “El Bajo”, el personaje de Alfredo Landa, se cae del árbol y no puede andar? Pues la carretera y el castillo que se ven cuando lo llevan al hospital pertenecen a Alburquerque. Por allí pasaremos mañana camino del tentadero. “

Me acuerdo nítidamente de ese dramático momento en que Paco desde el suelo casi pide perdón mientras el señorito Iván – Juan Diego -  le recrimina que su accidente le está frustrando el día la caza.

- “Pues así era todavía este lugar cuando compré la finca en el año 88.” 

Jesús es un tipo rudo, campechano, maño hecho así mismo. “Los trabajadores que vivían aquí no tenían luz eléctrica, ni agua corriente. Debían salir de casa a hacer sus necesidades en medio del campo.”  “Manolo, el encargado, cada vez que llamaba a esa puerta, se quitaba la gorra y la apretaba con las dos manos, muy juntas, humildemente rudas, sobre su vientre para hablarme. Sin mirar nunca a los ojos y con la cabeza ligeramente humillada hacia delante. Jamás conseguí que se sentara en este salón a tomar algo conmigo”.



Los últimos troncos de madera de encina se consumen en la chimenea. Afuera, una noche estrellada, tímidamente fría para ser Enero. “Mandé instalarles luz eléctrica y agua corriente. Vinieron los terratenientes vecinos a recriminar mi acto de “progreso”. Ellos lo consideraban, sin decirlo, una amenaza a su status quo. Algo que los dejaba en evidencia.“

“Hacía muy pocos años que se había filmado la película cuando llegamos y, en el pueblo, todavía vivía un señor mayor que contaba anécdotas del rodaje y de su amistad con Paco Rabal; quien se instaló, unos meses antes del inicio, en una casa cercana a Alburquerque para imbuirse en el Azarías, su personaje.” 

La medianoche se acerca y ya nadie se levanta a avivar la candela. El ritual ancestral de la transmisión oral, anterior a la escritura, va llegando a su fin.

""La chaqueta de pana que lucía el Azarías era mía. Se la dejé yo a Paco. Todavía estoy esperando que me la devuelva.", solía comentar el lugareño entre risas, me dice Jesús."



Hora de ir a dormir. Mañana continuamos con la preparación.






lunes, 19 de junio de 2017

Iván Fandiño In Memoriam

Miró a su mozo de espadas

Miró a su mozo de espadas y éste se acercó a él con la pelota de tenis en la mano, le descalzó el pie, creo que el derecho, y dejó la pelota en el suelo. El torero, sin dejar de seguir lo que acontecía en el ruedo, puso el pie sobre ella y comenzó a deslizarla hacia delante y hacia atrás en un ritual que a mí se me antojó ya rutinario.

Me acerqué a su mozo de espadas y le pregunté la razón de aquello. Me explicó que era a consecuencia de su cornada en el muslo de hacía casi un mes atrás en Málaga. La pierna se le hinchaba y los médicos, ante su insistencia de no parar de torear – ¿qué torero quiere parar en Agosto? – le aconsejaron hacer ese ejercicio para que su circulación mejorara.

Y allí estaba él, entre toro y toro, descalzo, en el callejón, concentrado en lo que hacían sus compañeros en el ruedo, haciendo desplazar aquella minúscula pelota de tenis de forma mecánica bajo su pie rosa de media con espiga.

Cuando llegó su turno, se calzó la zapatilla sobre el pie hinchado, apoyó la espalda contra la pared del fondo del callejón a la altura de la boca del burladero de matadores, dejó caer el capote hacia delante, como era su costumbre, mientras se ajustaba la montera; luego se agachó para levantarlo y dio tres o cuatro pasos hasta el burladero mientras los clarines indicaban que el próximo toro iba a salir…

Guadalajara, mitad de Septiembre de hace unos años.


Iván Fandiño D.E.P.

jueves, 11 de mayo de 2017

Toreo de Salón en Las Ventas

Madrid, 8 de Mayo de 2017

Llegó sin estridencias y se puso dar vueltas al ruedo, como en un ritual inciático, con parte de su cuadrilla sin llamar excesivamente la atención entre los alumnos de la escuela que entrenaban sobre la arena.

En un momento determinado, cogió el capote y trató de mimetizarse, como uno más, entre aquel bullicio de toreo de salón.

Cayetano toreando de salón en Las Ventas. Imagen: Ramiro Curá



Entonces, uno de los chicos se detuvo y lo observó. Y luego otro y otro y un silencio de Maestranza sevillana se fue apoderando de Las Ventas. Y el politeísmo  de muletas que hasta hace unos segundos rozaban el albero del círculo se fundió en un solo dios. Y la voz citando a aquel toro imaginario retumbó con gravedad de desierto hasta en la última andanada de la plaza mientras aquel torero que venía de cortar una oreja en Sevilla seguía danzando con su banderillero en una coreografía de raíces rondeñas con fondo de alumnos en mannequin challenge asombrado.  

Imagen: Ramiro Curá