Jueves, 6 de Mayo de 2011
Los días importantes se hacen largos y cortos. Largos por la cantidad de momentos que caben en las horas previas a la hora y cortos por esa misma razón, por esa compresión de momentos que anula los espacios muertos.
Anoche dormí mal y poco. Esta mañana desayuné con parte de la cuadrilla y con mi teléfono, inseparable y caprichoso compañero, antes de partir hacia la plaza. Batería llena.
De camino, nos cruzamos con Javier Bocanegra, de Canal Plus, y nos aborda algún que otro reventa. Una vez en las taquillas, previo paso por ese muro de rostro amable que se llama Molina y que se encarga de la puerta, bromeo con Ángel Tello, jefe de taquilla, y su equipo. Risas, cambalache de entradas de última hora, apretones de mano y deseos de buena suerte antes de poner rumbo, con mi inseparable y caprichoso compañero, hacia otro puerto. Molina nos acompaña nuevamente hasta la salida y me dice que ya me llamará para que le oriente cuando tentemos por la zona para que se acerque su chiquillo, que anda con ganas de ser torero.
Vuelta a la calle, vuelta al frenesí de los aledaños de la plaza y de la gente que se acerca y te aturde mientras me dirijo a las oficinas de Arenal a entregar la documentación de la cuadrilla y recoger los pases de esta tarde. Eugenio, el que manda, está ocupado. Toca esperar. Saludo a Antonio, chófer de la cuadrilla de Manzanares, que es de Sevilla y colabora con la empresa. Le doy la enhorabuena por lo del sábado - “¡algo histórico!” - y vuelvo a atender a mi inseparable y caprichoso compañero. Media batería.
12:45 hs. Acabo en la plaza y voy de regreso al hotel con Ángel, nuestro chófer. A la altura de la Torre del Oro, llama el torero. Tiene una fuerte contractura en la espalda y le van a tratar en el hotel. Me pide capote y muleta para entrenar en la habitación y que le suban la comida a las 14:30.
13:30 hs. Paso la silla, previamente montada la noche anterior, a su habitación y dejo organizada la capilla mientras él entrena. Luego, le probamos la taleguilla, que llegó ayer por la noche, para no tener sorpresas de última hora. Le queda bien, suspiros de alivio. El torero se dispone a descansar, me pide que cierre las cortinas y que le avise a las 16:40 para estirar antes de ducharse y comenzar a vestirse. Le dejo sólo y bajo a recepción a entregar los últimos sobres de entradas. Indicador de batería en rojo.
15:30 hs. Sólo me queda por repartir un sobre. Salgo a comer algo rápido a la barra del bar de la esquina. Alguien me llama para decirme que finalmente viene una persona menos, que en vez de 4 serán 3 y que disponga de la cuarta entrada. Le digo que es muy tarde y que no tengo margen para ello, que si se queda colgada, la tendrá que pagar. Sin batería.
15:45 hs. Regreso al hotel, indico en recepción que no entre nadie en la suite cuando estemos en la plaza y subo deprisa a buscar un cargador que reanime a mi inseparable y caprichoso compañero mientras me cambio de ropa antes de proceder a despertar al torero y no moverme ya de su habitación.
16:40 hs. Suite. La tensión explícita deja paso a la implícita, la velocidad a los movimientos ceremoniosos, las voces al susurro, el timbre al vibrador…el futuro al presente. ¡Es la hora!
En cuanto a la corrida, hoy, sin necesidad de trofeos, salió todo bien. El amor platónico continuará siendo platónico, pero al menos se dejó besar. Nos volveremos a ver…
11:00 am. La Maestranza de Sevilla. Hoy sí lucía el sol...
5:50 pm. Los banderilleros esperan en el hall del hotel la bajada del torero para acudir a la plaza.
9:30 pm. Ya pasó todo. El vestido espera para ser lavado...
Alicia Alonso
Hace 6 años