Mostrando entradas con la etiqueta AC Diplomatic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AC Diplomatic. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de noviembre de 2009

Tríptico de Barcelona I: Hora de comer

Barcelona, 26 de Septiembre de 2009.

Habitación 610 del hotel AC Diplomatic. Un pequeño salón precede a la estancia donde se encuentran la cama y el baño. En el salón, un juego de sofás y una mesa bajita. Horas previas a la corrida. Un torero trata de comer en silencio mientras en la tele el noticiero agoniza. Los medios llevan semanas recordándonos – machacando – una efeméride que se cumple precisamente hoy, una página negra de la tauromaquia, una fecha clavada a fuego en la memoria popular de España. Antes de despedirse, como no podía ser de otra manera, el presentador hace referencia a ello. El torero que trata de comer en silencio, deja el tenedor sobre la mesa. Por la pantalla comienzan a desfilar imágenes de la vida de otro torero, de otro tiempo. Años 60’, escenas en blanco y negro de un muchacho joven y flaco poniendo banderillas. Sus preciosos ojos azules rezuman ilusión. Llegan los 70’, el blanco y negro comienza a intercalarse con el color; y el traje de luces, omnipresente hasta ahora, a compartir protagonismo con otras vestimentas. Triunfos inolvidables mezclados con bodas, Puertas del Príncipe con bautizos, profesión con vida social. El joven flacucho ha dejado paso al hombre robusto, el novillero con aspiraciones a la figura de la tauromaquia. El torero que trataba de comer, sigue observando atentamente la pantalla inclinado hacia adelante, siempre en silencio. Sobre la mesa bajita, el plato intacto. Comienzan los 80’, el torero de otra época es entrevistado en el campo. Su voz, sus gestos, la cadencia de su habla, inmortalizados para siempre por obra y gracia de la tecnología. Divorcios, nuevos romances, más puertas grandes…se acerca el final y el reportaje toma tintes dramáticos. El torero de otra época es cogido mortalmente en una plaza de provincias del sur de España. Las imágenes de la interminable cornada agreden desde el televisor. Tantos años y tan presentes…El torero que trataba de comer, recuesta su espalda sobre el sofá y respira hondo. Sigue atento, sigue en silencio. Acaba el reportaje y el presentador, sonriendo, se despide hasta mañana sugiriéndonos que continuemos enganchados a ese canal. El torero que ya no trata de comer, se levanta y se dirige a la cama: “Voy a intentar “descansar” un rato. Despiértame por favor a las 4”.

Me acerco a la ventana para oscurecer el ambiente. La vida continúa ahí afuera. Una pareja de enamorados pasea tranquilamente por Pau Clarís. El escaso tráfico delata que es sábado por la tarde. “Cualquier cosa que necesites me llamas”. El plato de pasta intacto, frío, como un niño abandonado sobre la mesa. Me dirijo hacia la puerta y abandono la habitación conmovido por tanta entereza…emocionado.