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viernes, 23 de septiembre de 2016

Chuflilla a Curro

Viernes, 23 de Septiembre de 2016



De Linares rubio y seña
Grana y oro en Chamberí
Vistalegre, Chenel y Ventas
Curro a hombros por Madrid


sábado, 30 de julio de 2011

Vuelva usted mañana

Jueves, 28 de Julio de 2011


El tiempo es relativo y no corre siempre a la misma velocidad. No duran lo mismo dos semanas en Marzo que dos semanas en Agosto, como no da igual perderse dos corridas que diez.

Hoy tocaba revisión.

-No evoluciona esto todo lo rápido que debería. Vamos a infiltrarte plasma con factores de crecimiento para acelerar el proceso.
-¿Eso en tiempo qué quiere decir? Ahora llega Agosto y tengo todo muy seguido.
-No calcules menos de dos semanas más. No tiene sentido que te vuelva a ver antes.


Nuevamente a postergar planes, nuevamente a comunicar malas noticias. Al atardecer, paseo por las callejuelas aledañas a Ópera y la Plaza de Oriente: Arenal, Amnistía…hasta llegar a Santa Clara. El sonido de los adoquines me indica que se acerca un coche. Miro a los lados, luego hacia arriba, una placa sobre un tercer piso recuerda el lugar donde murió Larra, aquel escritor romántico que se suicidara a los 27 años. Sigo avanzando dirección a la Plaza Mayor. Pienso en el torero, en la cuadrilla, en la temporada que despegaba, en Larra y sus artículos…y se me viene a la mente aquel personaje suyo que llegó de Francia con unos objetivos y unos plazos concretos y se topó de bruces con la realidad nacional y sus hábitos. La salud también sigue sus propias pautas, tiene su propia idiosincrasia, como aquella España de Larra, como ésta. Asociación de ideas. Plaza Mayor. Vuelva usted mañana.


Caricatura de Mariano José de Larra


Portada de una vieja edición de artículos de Larra en que figura Vuelva Usted Mañana.

jueves, 9 de junio de 2011

Madrid y las tres negaciones

Martes, 24 de Mayo de 2011


La naturaleza humana es curiosa. Esta mañana, al cruzar la Avenida de los Toreros, justo antes de llegar a la plaza, dos coches chocaron y a uno, poco dado a todo lo que huela a sobrenatural, se le vino inevitablemente a la cabeza la idea y el deseo de que aquello no fuera un mal presentimiento para la tarde. Resolví a duras penas el tema entradas de última hora, pases de callejón y documentación, y me dirijí al hotel. Una vez allí, dejé todo organizado en la habitación del torero y bajé a comer con la cuadrilla mientras esperaba que éste llegase de su casa.

Como digo, la naturaleza humana es curiosa. El torero arrivó sobre las 15 hs. y, en contra de lo habitual en él, decidió afeitarse antes de descansar. A las 16:45, salió a correr para descargar tensiones. Bromeó: “Si no vuelvo en 15 minutos, es que me he ido a casa”. Mientras, yo bajé a liquidar para ganar tiempo – por la noche viajábamos a Córdoba -. Bastante barullo en recepción. Se había ido la luz y, por tanto, no podían emitir la factura. Tocaba esperar. Sonó el teléfono. “Ya estoy de vuelta. Me voy a duchar y no hay luz”. “No es un problema de tu habitación, ni siquiera del hotel, es que se ha ido en todo el barrio”. “Menos mal que me afeité al llegar”. “¡Eso fue un buen presentimiento!”, le dije sorprendiéndome a mí mismo por segunda vez traicionando mis inquebrantables convicciones racionalistas. “Voy para arriba”. Seis pisos sin ascensor…

En cuanto a la corrida, fue televisada y cada uno sabrá juzgar.

De camino al hotel, se me vino a la mente el choque de la mañana y me alivió pensar que finalmente no fue el mal augurio de nada. "Pero qué me pasa, ¡si yo no soy nada supersticioso!...¡Empiezo a tomar complejo de San Pedro!". Llegamos a destino. “¡Enhorabuena a todos!”.

Ahora, ducha y carretera. Mañana nos espera Córdoba.

domingo, 22 de mayo de 2011

Madrid, Km. 0

Viernes, 20 de Mayo de 2011


Las ciudades están hechas de historias que conviven. Historias que se cruzan y se respetan, que se intuyen y se evitan, que se buscan y se rozan, que se ignoran, que se necesitan…en apenas unos pocos kilómetros cuadrados, laten en una sinfonía imperceptible los corazones del ejecutivo con éxito y el suicida indeciso, la recién casada en llamas y el separado que renace, la menopáusica madrugadora y el travesti trasnochado, el negrito de La Farola y el chino de abajo, el político corrupto y el hippy idealista, el niño con patines y la abuela con bastón, el rockero con ojeras y la folklórica en chándal, el entrenador de esquina y el guiri de paso, el opositor en paro y el camello con trabajo…

Hoy tuve que ir al centro a recoger el vestido de Madrid. No estaba listo y tocaba esperar. Mientras en ese piso antiguo y sin escaleras de la calle Aduana seguían cosiendo a contrarreloj ajenos al mundanal ruido, unos metros más abajo un grupo de individuos 2.0 que busca cambiar la historia a golpe de Twitter y eslóganes, protagonizaba la tapa del Washington Post y de los informativos de medio mundo. Tocaba esperar, así que decidí curiosear. Bajé a la calle y caminé por Aduana hasta Montera y allí giré a la izquierda hasta Sol. Atravesé la plaza de norte a sur y de este a oeste abriéndome paso a duras penas entre gentes heterogéneas que iban y venían. Llamadas en varios idiomas a la no pronunciación política a partir de la media noche, guarderías de campaña, insistencia en el no consumo de alcohol y la hidratación con frecuencia, comidas frugales, petición de escobas, de conexiones wifi, …¿Perroflautas o indignados? ¿Activistas o vagos? Que cada uno saque sus propias conclusiones. Miré el reloj y decidí que ya era hora de ir retornando. De camino, me crucé con unos jóvenes que en asamblea improvisada dialogaban sobre cómo autogestionar la basura generada mientras una señora cruzaba la calle cargada de compras y de prisas. Llegué a calle Aduana, alguien seguía cosiendo a contrarreloj. Vibró el teléfono, nuevo mensaje: un torero hispano-polaco nacido en Francia acababa de cortar una oreja en Las Ventas ante 23.000 personas mientras la Junta Electoral Central seguía debatiendo sobre la legalidad o no de las concentraciones ciudadanas. Asambleístas callejeros, señoras con bolsas, sastres a contrarreloj, toreros que triunfan y togados que debaten…historias que se cruzan, historias que se ignoran, historias paralelas que suceden cada día y que conviven sin devorarse. Por eso me gusta Madrid, por eso me gustan las ciudades.

“¡Ya lo tienes!”. Recogí el vestido y me marché al campo.


En una habitación cercana, alguien cose ajeno a lo que sucede a tan sólo unos metros de allí y que es portada del Washington Post y centro de atención de medio mundo.


Plaza Sol-ución
 
Sol, kilómetro 0 del interés informativo estos días.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Hellín: Fin de temporada

4 de Octubre de 2009. Última corrida de la temporada española. Han pasado muchos meses y muchos kilómetros desde el arranque en Olivenza allá por principios de Febrero. Es la segunda vez en su carrera – y primera en 4 años – que Cayetano va a acabar la temporada cuando lo tenía previsto y no antes por culpa de algún percance: hace 3 años, el fuerte dolor que le provocaban unos esguinces crónicos en los dedos de una mano; hace 2, una cornada en Albacete; y el año pasado, el grave accidente de Palencia. El torero ha ganado en oficio, técnica…y suerte.

En el cartel, El Fandi y Talavante. Como suele ser costumbre, Cayetano brinda su último toro del calendario español a toda la cuadrilla (por desgracia, como ya he dicho, no se había podido volver a repetir esta escena desde el primer año de novillero en Fuengirola). Acaba la corrida con el torero atravesando a hombros la puerta grande de la plaza de toros de Hellín.

Ducha en el hotel y partimos camino de Madrid. Hoy toca celebración, no es para menos, son 4 años esperando este momento.

Luego, a descansar unos días y a finales de Octubre vuelta al trabajo. La próxima estación será en Diciembre, será “La México”…


Foto: Benito Sánchez Leyva
Parte de las cuadrillas de El Fandi, Talavante y Cayetano en el bar de la plaza de toros de Hellín después del sorteo. Las caritas presagian el final de temporada...

sábado, 5 de diciembre de 2009

Alquerías del Niño Perdido II

El jueves por la tarde nos ponemos nuevamente en marcha. Si todo va bien, cuando el domingo por la noche regresemos a casa, estaremos celebrando el final de temporada.

Esta vez sí que luce el sol. Mucha expectación. No hay billetes. La plaza portátil montada ex profeso para la ocasión, emerge entre un mar de naranjos bajo el cielo azul.

Es la segunda vez en su carrera que Cayetano torea un festival, la anterior fue todavía de novillero, en Moralzarzal. En el cartel: Pablo Hermoso de Mendoza, El Fandi, Castella, Manzanares, Cayetano y el “aficionado práctico” Adolfo Suárez Yllana, hijo del primer presidente del gobierno de la democracia española.

El día viene marcado por la votación final sobre la sede de las olimpiadas de 2016. Madrid parte como una de las favoritas. Aprovechando el ambiente distendido del festival, y en contra de lo habitual, Cayetano se viste atento a las novedades que la televisión va contando al respecto. El Rey y el presidente del gobierno han hecho una encendida defensa de la candidatura. A esas alturas hemos pasado un par de cribas, aunque marchamos para la plaza sin que la incógnita haya sido despejada. Torea Pablo Hermoso, la gente sigue recibiendo noticias esperanzadoras en los móviles. Queda la votación definitiva. El Fandi, sin novedad. Castella, sigue la espera. Manzanares, hay fumata blanca…”¡ha ganado Río de Janeiro!” comenta una voz anónima desde el tendido.

Cayetano no tiene suerte con su toro. Cierra plaza Suárez Yllana que se ha traído un ejemplar de la ganadería de su suegro, Samuel Flores. A pesar de las hechuras, sale muy malo y no consigue sacarle ni un pase. Pide el sobrero y con él se quita la espinita.

Llegamos al hotel ya de noche. Ducha y a cenar. En la tele siguen comentando la decepción de las olimpiadas. Toda la parafernalia con la que nos han estado bombardeando durante meses, comienza a parecernos anticuada. Nos quedan dos tardes para acabar la temporada y yo tengo un presentimiento: Cayetano va a salir a hombros en ambas. Estoy seguro, “tengo una corazonada”…

jueves, 3 de diciembre de 2009

Alquerías del Niño Perdido I

Etimología: Dice el diccionario que “alquería” es un término que procede del vocablo árabe al-Garya y que se utiliza para designar a una casa rural con tierra de labor típica de la Comunidad Valenciana y de algunas zonas de la provincia de Granada. Esto nos serviría para explicar la primera parte del nombre. En cuanto a la segunda, proviene de la imagen de Nuestra Señora del Niño Perdido que los monjes de Caudiel dejaron en un oratorio cercano a la zona en 1.683.

Historia: Y su origen como población habría que situarlo en una serie de alquerías musulmanas que, tras la llegada de Jaime I de Aragón y la fundación del Reino de Valencia, pasaron a formar parte del recién creado municipio de Villarreal; del que, tras varios intentos frustrados, finalmente se segregaron en 1.985 dando lugar a una nueva ciudad con tan particular nombre.

Pues hasta ahí llegamos, bajo un intenso aguacero, el día antes del festival procedentes de Vera. Y, sin siquiera pasar por el hotel, fuimos directamente a almorzar a la central de Porcelanosa, situada en Villarreal, atendiendo a una invitación personal que Manolo Colonqués, alma Mater de la empresa, había hecho hacía tiempo a Cayetano. Disfrutamos de una deliciosa comida en su compañía y luego de una didáctica visita por el corazón de la fábrica que yo resumiría en 3 términos: organización, pulcritud y ¡magnitud!


A media tarde nos dirigimos al hotel, también en Villarreal, y esperamos el anochecer sin que la lluvia diera ninguna tregua. Luego salimos a cenar y nos marchamos a dormir con la esperanza de que cambiara el tiempo al día siguiente.

Como era de esperar, esto no sucedió y, poco antes de partir para el sorteo, nos llamaron para informarnos de que la corrida se aplazaba hasta el viernes. Desayunamos, recogimos y partimos de regreso a Madrid con el balance de una corrida toreada (Barcelona), una suspendida (Vera) y otra aplazada (Alquerías). Estábamos a martes, por tanto, teníamos 2 días para estar por casa y luego vuelta a la carretera, a encarar las últimas 3 corridas de la temporada.


jueves, 26 de noviembre de 2009

Vera

Ya lo venían anunciando las previsiones meteorológicas desde hacía días: a partir del domingo, lluvia generalizada en todo el sudeste peninsular. Y no se equivocaron. Llegamos a Vera, procedentes de Barcelona, bien entrada la madrugada bajo una lluvia torrencial. Y, como era de esperar, amaneció de la misma guisa.

Desayunamos y partimos para el sorteo con la convicción de que la corrida se iba a suspender. El ruedo estaba cubierto de agua y seguía lloviendo. Pasamos a la zona de corrales y allí esperamos un rato a que apoderados, cuadrillas y autoridad tomaran una decisión. Poco antes de las 12 a.m., como era de esperar, se acordó la suspensión.

En ese momento, mi labor se centra en avisar al torero y, luego, elaborar una lista de gastos para pasársela a la empresa: Gasolina, hotel, comidas, sueldo del mozo de espadas, del “ayuda” del mozo de espadas y de los chóferes. Banderilleros, picadores y torero no cobran por suspensión. La idea sería que, éste último, si bien no va a percibir honorarios, al menos cubra gastos.

Una vez finalizado todo este trámite, regresamos al hotel y ahí surge el siguiente dilema: tenemos un día por medio y luego un festival en Alquerías (Castellón). ¿Qué hacer? ¿Regresar a Madrid y volver a salir nuevamente de viaje al día siguiente por la tarde con idea de llegar a dormir a Villarreal – a pocos kilómetros de Alquerías -, o quedarnos en Vera y partir tranquilamente a la mañana siguiente? Teniendo en cuenta que a Madrid desde donde estamos hay algo más de 4 horas, que al día siguiente serían otras tantas y que, además, algunos miembros de la cuadrilla vienen de otras ciudades – Jaén, Sevilla o Cáceres -, el sentido común y la logística nos dicen que lo más apropiado es quedarnos en Vera y partir para Castellón al día siguiente después de desayunar. La misma cuestión se le plantea a la cuadrilla de Manzanares – con la diferencia de que ellos suelen salir desde Sevilla -, que también decide hacer lo propio. Cierto que a estas alturas de la temporada – como sugiere alguien - se agradece pasar por casa aunque sólo sean unas horas…pero, ¿desde cuándo practicidad y sentimientos han ido de la mano?

No para de llover y el día en el hotel – un pequeño vergel con campo de golf en medio de la árida Almería – se hace largo y tedioso. Unos ven la televisión – es domingo por la tarde y hay mucho deporte -, otros conversan, otros juegan a las cartas… Me recuerda un poco al ambiente que se vive en los hoteles de América, en que se pasan muchas horas de convivencia con otras cuadrillas sin apenas pisar la calle.

Y en eso nos sorprende la noche. Cenamos en la cafetería con los de Manzanares y luego nos quedamos conversando plácidamente con el maestro Curro Vázquez; deleitándonos con sus anécdotas, con sus experiencias, con su sabiduría vital…hasta poco después de la media noche. Afuera sigue lloviendo y las previsiones son que hasta el miércoles, por lo menos, no cambie el tiempo. Ya veremos. Ahora toca dormir, que mañana será otro día.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Baza, Zújar y La Alcanacia

Tardes como la de Valladolid dan mucho “sitio” y moral a un torero para afrontar sus próximos compromisos. La cena en el hotel trasncurre en un ambiente distendido. Queda poco menos de un mes para que finalice la temporada y las cosas marchan bien. Hay un día por medio antes de la próxima corrida – Baza – y, como además, para llegar hasta allí hay que pasar por Madrid, decidimos marcharnos a dormir a casa y partir al día siguiente por la tarde hacia Granada. La idea, cenar en La Mezquita, todo un clásico de los viajes al Sur a través de Despeñaperros, y luego continuar camino de Baza.

Los hoteles se suelen reservar con mucha antelación, ya que nosotros necesitamos unas 7 habitaciones y es frecuente que las corridas coincidan con fiestas locales de mucha demanda hotelera. En este sentido, las ciudades grandes son menos problemáticas en general; pero en los pueblos pequeños, que habitualmente disponen de poca oferta, si la reserva no se hace con tiempo, el asunto se puede complicar. Y Baza no fue una excepción. Cuando llamé para hacer la reserva, allá por principios de Julio, en el hotel donde suelen parar cuadrillas y toreros me dijeron que estaban completos para esas fechas porque, además de las fiestas, tenían una boda que había bloqueado todo el hotel.

Esto me hizo tener que moverme en busca de otra alternativa. Indagué por Internet y encontré un par de hoteles en el mismo Baza, pequeños y con buena pinta pero ninguno disponía de 7 habitaciones libres. Aunque en el último que llamé me pasaron el dato de uno que parecía interesante. Un poco lejano sí – a unos 20 minutos de Baza – pero tranquilo. Tras analizar los pros y los contras, decidí hacer la reserva allí.

Situado en la zona de los Baños Termales de Zújar, a unos 5 km. del pueblo homónimo, se haya el hotel rural La Alcanacia, que toma su nombre de una antigua fuente situada en los alrededores del pueblo. Sus 18 habitaciones, cada una de ellas decorada de una manera distinta, se disponen en torno a un patio central mezcla de casa andaluza y estancia colonial. Completan el edificio una preciosa sala de lectura, un spa y un comedor desde donde poder saborear deliciosos manjares disfrutando de sus maravillosas vistas del embalse del Negratín a través de sus ventanales.

Sus dueños, Carlos y Gregorio, uno músico y otro actor, uno granadino y otro barcelonés, con una amabilidad y una educación exquisita, me muestran cada rincón del hotel con el orgullo de un padre que habla de su hijo. Llevan tiempo con el proyecto. Poco a poco lo van mejorando, lo van ampliando. Lugar ideal para perderse y desconectar. ¡Ni siquiera hay cobertura!

En lo taurino, la corrida no acabó de servir en general. Como detalle negativo, esa tarde compartíamos cartel con Alejandro Amaya, joven torero mexicano que al día siguiente partía hacia Las Vegas para tomar parte en el primero de los controvertidos festejos que tenía programados el polémico Don Bull. Una cornada muy fea le impidió acabar su actuación y, por desgracia, viajar para América. Me cuentan que su recuperación ha sido buena..

Tras la corrida, con un sabor amargo por el percance, regresamos al hotel. Ducha, cena y partir rumbo a otra ciudad. Al despedirme de Carlos y Gregorio, no puedo evitar hacerles una pregunta que ronda mi curiosidad desde hace unas horas: ¿Cómo dos tipos con esas profesiones – uno músico y otros actor – en la flor de su edad productiva – en torno a los 40 años – lo dejan todo en una gran ciudad para venir a instalarse en un entorno rural, aislado y lejano, para apostar por un proyecto bonito pero que les aleja de sus ocupaciones originales? Se miran y sonríen, noto que no soy el primero que les pregunta lo mismo. “Es que el hotel es sólo una parte de un proyecto a más largo plazo. Nuestra idea es poder llegar a organizar en algún momento un festival musical o quizá cinematográfico…en cualquier caso, un proyecto más ambicioso relacionado con la cultura en este precioso entorno rural. Poquito a poco. Ya veremos”. Mensaje recibido. Me gusta esta gente. Estaremos pendientes…

http://www.alcanacia.com/

Próxima estación: Parla.


Detalle de mi habitación en La Alcanacia.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Hora de vestirse

La puerta de la habitación de un torero marca una barrera infranqueable entre dos formas de tensión. Una explícita y otra implícita. El ritmo frenético que se desata por la mañana desde que abandono el hotel camino de la plaza, es un “rayo que no cesa” hasta que traspaso por la tarde, a la hora de vestir al torero, esa “línea roja” que supone la puerta de su habitación. Entonces, el ruido y el barullo, dejan paso al silencio y la calma tensa, los movimientos rápidos y bruscos, a los lentos y ceremoniosos, la multitud, a la soledad, el exceso de luz, a la penumbra… y el teléfono se convierte en un amante despechado, al que trato de ignorar por un rato y que, celoso, no para de vibrar en mi bolsillo, recordándome que, ahí afuera, el mundo sigue girando y que “arrieritos somos y en el camino nos encontraremos”…

3:30 pm., Jesús, el chófer de la cuadrilla, o simplemente “el tío” como le llamamos cariñosamente, me deja en el hotel del torero. Subo a “despertarle” y, mientras se ducha, voy “montando” la capilla y la silla - hoy, por la lejanía del hotel y el tremendo ajetreo, no he tenido tiempo de venir a hacerlo al mediodía - . Al finalizar, abro la ventana, un añejo olivar se extiende en primer plano y, a lo lejos, inexpugnable sobre su balcón de piedra, se asoma Ronda.

Mi mente viaja 500 años atrás, cuando esta ciudad, antes fenicia y romana, se llamaba Arunda y era árabe. Un hombre ensimismado pasea entre estos mismos olivos soñando despierto. Anhela pisar algún día sus calles y comprobar con sus propios ojos si realmente es tan bella como cuentan los viajeros. A la luz de una luna llena, su abismo de roca, muralla natural, toma el color ceniciento de los muros de una catedral. Esa imagen quedará grabada en su retina y quizá por ello, cuando días más tarde “entre” en la ciudad, mandará levantar una iglesia que posteriormente será consagrada al Espíritu Santo. Se llamaba Fernando y era “Católico”. El año, 1.485. Se llama Cayetano y es torero. El año, 2.009. En poco menos de una hora, nosotros también partiremos, a través del serpenteante camino que asciende, a la “conquista” de Ronda.



El torero ha acabado de ducharse, antes de afeitarse, se asoma un instante a la habitación. “Creo que se me ha olvidado torear”, dice nervioso. Buena señal, pienso. Eso mismo ya lo dijo antes de su debut con picadores, de su la alternativa y de su confirmación en Madrid. Vamos por buen camino.

El traje goyesco luce radiante sobre la silla después de un año a la sombra de un armario. Entra en la habitación Emilio “Caracafé”. Como ya hiciera hace un par de años en Valencia (Venezuela), Cayetano le ha pedido que viniera a tocarle “por soleares” mientras se viste. Hay un segundo invitado especial, Pedro Piqueras, excelente periodista, gran persona y muy buen “aficionado”. Comienza “la ceremonia”, sólo la guitarra de Emilio, con su quejío desgarrado, rompe el silencio. Primero los leotardos y las medias, luego las ligas y la taleguilla. Emilio sigue acariciando su guitarra desde un rincón mientras Pedro observa mudo desde otro. Cada uno cumple escrupulosamente su papel para no romper la magia del instante. El olivar continúa ahí afuera, resplandeciendo a la luz de Septiembre. Y Ronda… Ronda a lo lejos, esperando nerviosa como un novio en el altar. En ese momento me siento un privilegiado. Tantas horas de campo en el frío invierno, tantas horas de carretera, de soledad fuera de casa sin ver a los amigos ni a los seres queridos... todo, todo ese sacrificio, pienso, cobra sentido en un instante como éste. Ya sólo falta que en la plaza embista un toro.

4:30 pm. Hora de partir…