"Yo soy el cantante
porque lo mío es cantar
y el público paga
para poderme escuchar"
(El Cantante, Rubén Blades)
Valladolid, Polideportivo Huerta del Rey. Ecuador del concierto en un espacio libre de humos y alcohol. El cantante se acerca al micrófono y se dirige al tendido: “¡Anoche soñé con la Tercera República!”, sonríe y mira a sus músicos con complicidad. Sigue cantando, porque lo suyo es cantar.
Último tercio del concierto. Suenan los acordes de Paloma: “Quiero un pedazo de cielo / para invitarte a dormir / con Severiano Ballesteros…”. La afición enloquece. El cantante se gusta, controla los tiempos y los espacios. Sigue cantando, porque lo suyo es cantar.
Adornos finales: “¡Desde aquí reivindico que la Tauromaquia sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad!”. Histeria colectiva entre un público forzosamente abstemio. Un adolescente de chupa de cuero negra y pelos de punta parece llamar reiterativamente a un tal Morante juntando sus manos alrededor de la boca. Un guiri sorprendido le observa. El chico insiste. El guiri intrigado se da la vuelta y pregunta: “¿Morante es una banda local?”. El cantante sigue cantando, porque lo suyo es cantar…
Los trastos preparados
El cantante y su muleta...


