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domingo, 10 de abril de 2016

Málaga: Sábado de Gloria y Aniversario

Sábado, 26 de Marzo de 2016

Once años exactos después, un Sábado de Gloria volvió a caer en 26 de Marzo, como cuando Cayetano se presentó en público debutando en Ronda con picadores.

Era un día incierto y frío en que estuvo lloviendo toda la mañana. Recuerdo a un empleado de la plaza a la hora del sorteo mirar hacia las montañas que se veían desde la puerta de la plaza que da a la Alameda del Tajo sentenciar: “Cuando hay una nube sobre aquel pico es que va a llover esta tarde”. Recuerdo al torero desde su espera impaciente en el hotel poner un mensaje diciendo: “Que esto se dé como sea. Pasar otra vez por estos nervios previos, no”.


Cartel debut Cayetano en Ronda: Rivera Ordóñez, Cayetano, Espartaco (de izq. a derecha)


Recuerdo un día que se despeja conforme se acerca la hora y una ciudad con ambiente de Goyesca sin ser Goyesca en que los privilegiados que consiguieron entrada fueron testigos de un debut triunfal inolvidable.

Muchos de los allí presentes aquella tarde ya no están y eso hace que, cuando entro en esa plaza una tarde de corrida y encaro el callejón hacia el burladero de toreros por el Tendido 2, mire hacia las pilastras que hay justo detrás de donde nos situamos las cuadrillas y eche de menos a un montón de gente que nos arroparon aquel precioso pero difícil día.


Cayetano y Curro Vázquez el día de la presentación en Ronda


En todo ello pensaba – y comentaba con el torero – mientras lo vestía hoy en la habitación 311 del Parador de Gibralfaro en Málaga.

Hace 11 años un olivar con Ronda sobre su pedestal de piedra al fondo eran el paisaje que divisábamos desde la ventana durante la ceremonia. Hoy, la plaza de la Malagueta abajo con el Mediterráneo de fondo.


La Malagueta desde el Parador de Gibralfaro en Málaga


Y, en la habitación, como hace 11 años, el torero, el apoderado y yo. Sólo faltó José, hermano y mozo de espadas de Curro Vázquez que, en aquella ocasión, nos acompañó por si en algún momento - yo también debutaba aquel día - me ponía nervioso durante la ceremonia. En particular al poner la castañeta que era mi talón de Aquiles.


Como otro Sábado de Gloria de hace 11 años, atando los machos al torero


En cuanto a la corrida de hoy, veníamos con la moral altísima después de la Puerta Grande de Valencia y con toda la ilusión del mundo por volver a una plaza en que nos sentimos como en casa y en cuya feria Cayetano fue algún año declarado triunfador (en honor a ello lució el capote de paseo con la Virgen de la Victoria que le concedió el ayuntamiento en aquella ocasión).


Cartel de toros de esta tarde: Perera, Cayetano, Jiménez Fortes


Paseíllo en La Malagueta. 

Citando con la muleta en La Malagueta



Los toros no ayudaron. Una pena por la plaza, por la gente – había mucha expectativa – y por la fecha tan señalada para nosotros. Pero vendrán más días, más tardes de gloria, más faenas de triunfo…

martes, 24 de noviembre de 2009

Tríptico de Barcelona III: A porta gayola

Tercer toro de la tarde, el torero que no ha comido se ajusta la montera, coge el capote, clava la mirada en la puerta de chiqueros y se dirige hacia allí con paso firme. La gente entiende el gesto, esto era algo muy común en ese torero de otra época por el que hoy se ha guardado un minuto de silencio, una especie de carta de presentación suya. Una nueva ovación va naciendo mientras el torero que no ha comido avanza decidido, dibujando una línea recta sobre la arena, sin atajos ni dudas, camino de la puerta de toriles.
No es algo común en él, sólo lo había hecho una vez antes, todavía de novillero, en una “nocturna” en Málaga. El novillo de Manolo González, con problemas en la vista, nada más salir se paró justo unos metros delante del torero, que lo esperaba de rodillas sobre el albero. Una mala experiencia.

Han pasado varios años ya desde aquello y, el hoy ya torero, sigue avanzando con paso firme sobre la arena entre el clamor de los tendidos. Todos tenemos nuestros segundos de sorpresa e incertidumbre, pero una vez comprendido el gesto, reaccionamos y actuamos en consecuencia. En mi caso, Roberto el “ayuda” y yo nos miramos y, capote en mano, corremos en dirección contraria por el callejón para situarnos cada uno a un lado de la puerta de chiqueros "por si acaso”. El torero que no ha comido llega a su destino y se clava de rodillas. La montera hasta las cejas y la mirada fija en la puerta de toriles. El mismo gesto, la misma actitud…el tiempo se contrae y la imagen del torero que no ha comido se solapa con la del torero de otra época. En los tendidos continúa la ovación. Desde el callejón le gritan al torero que coja el capote con las dos manos. Suenan los clarines y se abre la puerta de toriles. Se hace el silencio en la plaza, todas las miradas clavadas en el agujero negro que está delante del torero que no ha comido. Yo respiro hondo, tengo un nudo en la garganta y la mirada nublada. Sé que quienes están a mi lado también. Por eso no quieren mirarme, por eso no quiero mirarlos, porque no queremos sorprendernos…emocionados.

sábado, 17 de octubre de 2009

Esplá, Tin y el "Lucense"

Si la historia se desarrolla según lo previsto, y en el caso de Esplá mucho me temo que así será y que no habrá reapariciones, en Valladolid ha sido la última vez que Cayetano y el maestro han coincidido juntos vestidos de luces en un patio de cuadrillas. En las 5 temporadas que llevamos en este “circo” de los toros, debemos haber toreado con él unas 5 ó 6 veces. La primera, el año que Cayetano debutó con picadores, en una mixta en Piedrahita (Ávila). Preciosa plaza de piedra, sin callejón, a la que el maestro llegó desde el hotel en coche de caballos. Recuerdo que en la puerta le pusieron pegas a sus chóferes para entrar. Esto llegó a sus oídos y, lejos de desentenderse del tema – ya tenía bastante con ponerse delante del toro –, dijo que hasta que su gente no estuviera dentro de la plaza, no haría el paseíllo. Gran calidad humana. En los 3 siguientes años quizá hayamos compartido cartel con él un par de veces. Y esta última temporada, la de su despedida, hemos tenido el gusto de hacerlo, si no recuerdo mal, en 3 ocasiones: Zaragoza, Málaga y Valladolid. Emociona ver su torería de otros tiempos, sus gestos, su sabiduría, el cariño de la gente que cada tarde de este año le ha brindado una cerrada ovación al acabar el paseíllo, y la humildad de los grandes al querer compartir esos aplausos con los compañeros de turno invitándolos a salir a saludar con él desde el tercio. ¡Grande maestro!

Hay muchas razones, tanto profesionales como humanas, por las que podría decir que su retirada supone una gran pérdida para la fiesta, pero hoy quiero hacer referencia a una de ellas en especial: no llegar a conocer más en profundidad a su fiel mozo de espadas, el “gran” Tin, como lo suele llamar nuestra común amiga Anya. Especie de Alter ego del maestro después de tantos años juntos – todo el mundo pregunta si son hermanos –, cuando hemos coincidido en un callejón, aparte de su calidez humana, siempre me ha regalado alguna anécdota que echarme al alma. En Valladolid, por ejemplo, entre toro y toro, me obsequió con una preciosa:

Había, hace años, un hostal en frente de la plaza donde solían parar las cuadrillas, que no los matadores, cuando toreaban en la ciudad. Era uno de esos establecimientos de antaño con baño comunitario en los pasillos y escasa confortabilidad. A pesar de su precariedad, parece ser que preparaban muy bien los caracoles, una de las debilidades del maestro Esplá. El caso es que esto debió llegar a oídos de los dueños y todos los años, cuando arribaban a Valladolid para torear en la feria, le tenían preparada al mozo de espadas una caja para que se la hiciera llegar al maestro. Tin no me explicó si por una cuestión de deferencia o de simple sencillez personal – seguramente las dos cosas –, pero el caso es que el maestro también llegó a alojarse con la cuadrilla en el Hostal Lucense en alguna ocasión.

La anécdota estuvo varios días rondándome la cabeza, tenía curiosidad por conocer algo más sobre aquel “romántico” lugar. Así que una tarde que andaba aburrido, con el espíritu de un explorador en busca de mundos ignotos, introduje “hostal lucense Valladolid” en el Google. Una cierta impaciencia recorrió mi cuerpo mientras esperaba que el buscador “escupiera” sus resultados. Al cabo de unos segundos, palabras como “TSJ”, “bloqueo”, “edificabilidad”, “desacuerdo”, “vecinos"… me dieron mal presentimiento. Eché un vistazo rápido a todos los titulares y, sin saber el porqué de mi elección, pinché en uno cualquiera de ellos. A medida que avanzaba por el texto, mi curiosidad se iba tornando decepción. Resulta que “El Lucense” llevaba varios años cerrados y en un estado ruinoso. La causa, un desacuerdo especulativo entre vecinos. Me puse a indagar entre las pocas fotos suyas que encontré en Internet. Y, aunque pequeñas y de mala calidad, esto no impidió que me imaginara en ellas a un grupo de aficionados en la puerta esperando para ver partir a las cuadrillas camino de la plaza o a unos banderilleros sudorosos comentando las dificultades del segundo toro de la tarde - “¡Cómo esperaba el cabrón!" -, mientras descendían de la furgoneta de regreso al hostal. Es curioso, pero incluso llegué a sentir nostalgia de algo que nunca viví, de un lugar que ya nunca llegaré a conocer. Volví a mirar las fotos intentando descubrir detalles nuevos. El edificio no parecía tener ninguna característica arquitectónica especial. Algún día, una razón poderosa llamada dinero, hará que los vecinos se pongan de acuerdo. Entonces, como en Cinema Paradiso, un escuadrón de máquinas sin alma invadirá las entrañas del Lucense sepultando los recuerdos para siempre, mientras un minúsculo grupo de personas contempla la escena desde la acera de enfrente. El edificio se irá convirtiendo poco a poco en un amasijo de hierro y cemento. Y entre nubes de polvo y el estruendo de muros al caer, quizá algún viejo sentimental derrame una lágrima en silencio. Será ley de vida. Como en Cinema Paradiso.


Foto: Anya Bartels-Suermondt
De izquierda a derecha: Tin, Ramiro Curá y Nacho Lloret (abogado de Simón Casas) en la plaza de toros de Málaga (Agosto de 2009).


Hostal Lucense