Martes, 24 de Mayo de 2011
La naturaleza humana es curiosa. Esta mañana, al cruzar la Avenida de los Toreros, justo antes de llegar a la plaza, dos coches chocaron y a uno, poco dado a todo lo que huela a sobrenatural, se le vino inevitablemente a la cabeza la idea y el deseo de que aquello no fuera un mal presentimiento para la tarde. Resolví a duras penas el tema entradas de última hora, pases de callejón y documentación, y me dirijí al hotel. Una vez allí, dejé todo organizado en la habitación del torero y bajé a comer con la cuadrilla mientras esperaba que éste llegase de su casa.
Como digo, la naturaleza humana es curiosa. El torero arrivó sobre las 15 hs. y, en contra de lo habitual en él, decidió afeitarse antes de descansar. A las 16:45, salió a correr para descargar tensiones. Bromeó: “Si no vuelvo en 15 minutos, es que me he ido a casa”. Mientras, yo bajé a liquidar para ganar tiempo – por la noche viajábamos a Córdoba -. Bastante barullo en recepción. Se había ido la luz y, por tanto, no podían emitir la factura. Tocaba esperar. Sonó el teléfono. “Ya estoy de vuelta. Me voy a duchar y no hay luz”. “No es un problema de tu habitación, ni siquiera del hotel, es que se ha ido en todo el barrio”. “Menos mal que me afeité al llegar”. “¡Eso fue un buen presentimiento!”, le dije sorprendiéndome a mí mismo por segunda vez traicionando mis inquebrantables convicciones racionalistas. “Voy para arriba”. Seis pisos sin ascensor…
En cuanto a la corrida, fue televisada y cada uno sabrá juzgar.
De camino al hotel, se me vino a la mente el choque de la mañana y me alivió pensar que finalmente no fue el mal augurio de nada. "Pero qué me pasa, ¡si yo no soy nada supersticioso!...¡Empiezo a tomar complejo de San Pedro!". Llegamos a destino. “¡Enhorabuena a todos!”.
Ahora, ducha y carretera. Mañana nos espera Córdoba.
Alicia Alonso
Hace 6 años
