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jueves, 21 de julio de 2011

Jornada de transición

Sábado, 25 de Junio de 2011


Los días entre corridas que pillan fuera de casa, se hacen largos y tediosos. Anoche, tras las cuatro orejas, cenamos en el Ramírez, todo un clásico ya de nuestras visitas a Granada. Hoy habíamos acordado desayunar y tener todo listo para partir a las 10 am. hacia León. El torero, algo ya bastante frecuente esta temporada, viajaba con nosotros. A petición suya, paramos a comer en Madrid, en el Casa Juaneca que está situado en la carretera de Burgos, y luego pasamos por su casa a darnos un chapuzón que aliviara los 40º C que caían sobre la despoblada siesta capitalina.

Llegamos a León a media tarde y fue inevitable recordar el año pasado en que también arribamos sobre esta hora a una ciudad tomada por la euforia mundialista y en que una gran marea roja transitaba aparentemente anárquica por las calles en fiesta en busca de un lugar donde ver el partido de cuartos de una selección que no paraba de crecer e ilusionar. Nosotros lo vivimos en el restaurante La Fábrica, que se encuentra a la vuelta del hotel, enfundados en unas camisetas que habíamos comprado para la ocasión en El Corte Inglés situado en frente del AC. Este año, en la pared del restaurante, una foto de la cuadrilla vestida con la roja, recordaba aquel día en que, por cierto, compartida con Cayetano y Joselito Rus, me llevé por segunda vez consecutiva la porra que jugábamos en cada encuentro.

Como mandan los cánones del cenar en destino y de la buena salud, hemos dado un placentero paseo para asentar la comida antes de venirnos a dormir: Ayuntamiento, calle Ancha, Catedral, Barrio Húmedo… ¡qué diferencia de temperatura entre la noche leonesa y la granadina!

Ayer cortamos cuatro orejas y quizás se trate del punto de inflexión que necesitamos para que cambie nuestra suerte. El torero está motivado. Repetimos ganadería. Ojalá también se repita la historia. Ya veremos…

     En ruta, saliendo de Granada destino León. Ángel a la rosca  y Carretero de copiloto.

Foto de parte de la cuadrilla enfundada con la roja que nos encontramos por sorpresa este año colgada en las paredes del restaurante La Fábrica de León al volver por allí como cada año.

                                          
 En mi habitación del AC León, las chaquetillas de Alicante y Granada ya listas para la siguiente "batalla".

sábado, 11 de junio de 2011

De chalecos reflectantes y necesidades imperiosas

Martes, 24 de Mayo de 2011


Madrugada del miércoles 25 de Mayo. Algún punto incierto del camino entre Madrid y Córdoba. Todos duermen en el cochecuadrilla salvo el chófer. Alguien se siente indispuesto:

-¡Para, para que no llego!
-¿No puedes esperar a la próxima gasolinera?
-No. ¡Para!

El chófer activa los cuatro intermitentes y se detiene en el arcén derecho. Se abre bruscamente la puerta trasera de la furgoneta y alguien sale disparado para los matorrales cercanos. Pantalones hasta los tobillos, rodillas flexionadas hasta su máxima extensión. En el interior del cochecuadrilla, la gente comienza a desperezarse. Todo ha sido muy rápido, sin margen de reacción. El chófer mira al frente y descubre que hay otro vehículo detenido unos 100 metros más adelante. Luces que giran. ¡La Guardia Civil! Un tricornio se acerca parsimoniosamente pero decidido. Ángel, el chófer, baja la ventanilla. El uniformado se lleva la mano derecha a la sien:


-Buenas noches. ¿Algún problema? ¿Usted no sabe que no se puede detener aquí y que, en caso de que lo haga, debe poner los triángulos de emergencia?
-Disculpe agente. Es que un compañero se ha sentido indispuesto y hemos tenido que pararnos de urgencia – señalando con los ojos hacia el arcén.
-¿Me deja la documentación, por favor?
-Aquí tiene.

El agente comprueba que todo está en orden y devuelve los papeles al conductor. Hace un amago de irse pero retorna sobre sus pasos, bordea la furgoneta y se dirige hacia los matorrales del arcén. Desde el interior en silencio del cochecuadrilla, 14 ojos clavados en la oscuridad. Se escucha la hierba seca crujir bajo las botas mientras alguien se incorpora a toda prisa.

-Buenas noches. ¿Se encuentra usted bien?
-Sí, agente. Es que de repente me sentí muy mal y...si me tiene que multar, hágalo, pero le juro que no podía más.
-No se preocupe, no lo haré esta vez…pero, para la próxima, no olvide usted que DEBE PONERSE EL CHALECO REFLECTANTE.


Palabra de Benemérita…



*Nota aclaratoria: Por si algún curioso está tentado de preguntar, después de las obvias risas generales, sellamos un pacto de sangre y silencio para no desvelar jamás la identidad del infortunado. ¡El caganer somos todos!

jueves, 17 de septiembre de 2009

Palencia 2009

- “Echa el negro y oro”
- “Pero…ése fue con el que el año pasado en Palencia…”
- “Sí, ya sé, por eso, échalo”

Normalmente, antes de partir de viaje, suelo llamar al torero para que, en función de las plazas y los días seguidos que tenemos, me diga si tiene alguna predilección por un vestido para algún día concreto. Y en este caso lo hice antes de viajar a Linares, ya que teníamos 4 corridas seguidas sin pasar por casa (Linares, Requena, Tarazona y Palencia).

Reconozco que me lo esperaba, ya había hecho lo propio al ponerse de nuevo el “berenjena y azabache” en El Puerto de Santa María, cuando volvió a torear allí después de una grave cornada. Cayetano no es supersticioso, suele decir que cada uno traza su propio destino. Por tanto, para él, ninguna relación traje-mala suerte: “Este vestido no va a poder conmigo, lo tengo que domar”. ¡Ése es mi torero!

La mañana antes de Palencia, desayunamos en “Las Brujas de Bécquer”, en Tarazona, y partimos dejando atrás tierras aragonesas dirección Castilla y León. Por el camino, paramos a comer en “La Varga”, a la altura de Burgos. Allí, como siempre, nos recibió Encina con una amplia sonrisa y un delicioso aperitivo de morcilla de arroz. A primera hora de la tarde, alcanzábamos nuestro destino. “Esta vez espero no veros más de un día”, bromeé con la chica de recepción al hacer el check-in.

Cayetano no había dormido en Tarazona. Tras la corrida, aprovechando que al día siguiente (31 de Agosto) no tenía corrida, viajó a Madrid con la idea de probarse el traje goyesco por si había que darle un retoque de última hora. La temporada pesa y los toreros suelen llegar a estas alturas con algún que otro kilo de menos. Después del sastre, partió con Curro Vázquez y Ángel, el chófer, hacia Palencia. Quería llegar temprano para pasarse por el hospital “Río Carrión” a saludar al equipo médico y, de paso, entregarles unas fotos dedicadas que llevábamos un año “debiéndoles”.

Por la noche, nos reunimos todos en el “San Remo”, un restaurante situado junto al hotel, donde el año pasado cenamos toda la cuadrilla casi en silencio mientras esperábamos noticias tranquilizadoras desde el hospital y donde, en alguna ocasión, comimos Curro Vázquez y yo los días posteriores al percance. Es curioso pero, de todos los presentes, el único que no había estado nunca en el “San Remo”, era el torero. Terminamos temprano, así que, antes de dormir, Cayetano y parte de la cuadrilla decidieron ir al cine, otros preferimos dar un paseo. .

Hacía una temperatura casi veraniega en contraposición con estas mismas fechas del año pasado en que ya refrescaba. Desde el cercano río Carrión, que cuántas veces no atravesaríamos Curro y yo cada día camino del hospital, llegaba el eco de fuegos artificiales. Las calles bullían de gente. Atravesamos la Plaza Mayor, luego la calle Mayor (se me viene a la memoria “Plenilunio”, esa película con Juan Diego Botto sobre un libro de Muñoz Molina que se rodó por estos escenarios)…hasta llegar a la Iglesia de San Antolín, ya próxima al río, en donde decidimos que se hacía tarde y había que emprender el camino de regreso al hotel.

1 de Septiembre, hora de vestirse. Charlamos distendidos, engañando a los nervios. Cuando estamos finalizando la “ceremonia”, entra en la habitación a saludar Pedro Toledano (gran persona, periodista y amigo personal que lo fuera de Paquirri). Nos hace notar un detalle: ¡Cayetano se había olvidado de afeitarse! La anécdota nos sirve para reírnos. ¿Será Palencia? ¿Será Ronda? ¿De todo un poco?

Comienza la corrida, en el segundo toro, emotivo brindis al equipo médico. Faena vibrante, dos orejas y puerta grande. Camino de la furgoneta, me paran un par de veces para saludarme (personal del “Río Carrión”). Hay muchísima gente, cuesta abrirse paso, a duras penas alcanzamos el cochecuadrilla. Un hombre de mediana edad intenta defender el espacio ganado frente a la puerta del copiloto, donde me siento yo. Levanta el brazo izquierdo mostrando una gran cicatriz, hay mucho ruido, no comprendo lo que trata de decirnos. La furgoneta comienza a avanzar lentamente entre la multitud. El señor sigue con el brazo levantado mostrando la “medalla de guerra”. Su imagen se entremezcla con la de gente que golpea la ventanilla pidiendo fotos. Entre tanto grito y tanto caos, alcanzo a entender: “¡Cayetano, yo compartí UVI contigo el año pasado! “, dice orgulloso.

¡Qué buena es la gente!, pienso emocionado. En mi memoria, el proceso geológico sigue imparable su curso. Nuevos sedimentos comienzan a depositarse sobre los antiguos. El año que viene, si regresamos y hay tiempo, volveré a pasear nuevamente por la calle Mayor, llegaré hasta la iglesia de San Antolín, cerca del río, y a mi mente acudirán recuerdos de fuegos artificiales, de faenas emocionantes, de puertas grandes y, sobre todo, del enorme cariño de la gente.

Al llegar al hotel, algún banderillero bromea: “Ahora hasta el sábado, cuídate, no vayas a resbalarte en la bañera o te pille un coche al cruzar por una “cebra”". Reímos todos. “Me voy a meter en una urna de cristal hasta la Goyesca”, responde el torero. Se respira alegría, satisfacción, ilusión… buen rollo. Hasta el “Cristo del Otero”, desde su altura de colina, sonríe.

Objetivo cumplido: Traje negro y oro domado. Ahora sí, la siguiente parada, si el tiempo no lo impide, será Ronda…