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sábado, 11 de junio de 2011

De chalecos reflectantes y necesidades imperiosas

Martes, 24 de Mayo de 2011


Madrugada del miércoles 25 de Mayo. Algún punto incierto del camino entre Madrid y Córdoba. Todos duermen en el cochecuadrilla salvo el chófer. Alguien se siente indispuesto:

-¡Para, para que no llego!
-¿No puedes esperar a la próxima gasolinera?
-No. ¡Para!

El chófer activa los cuatro intermitentes y se detiene en el arcén derecho. Se abre bruscamente la puerta trasera de la furgoneta y alguien sale disparado para los matorrales cercanos. Pantalones hasta los tobillos, rodillas flexionadas hasta su máxima extensión. En el interior del cochecuadrilla, la gente comienza a desperezarse. Todo ha sido muy rápido, sin margen de reacción. El chófer mira al frente y descubre que hay otro vehículo detenido unos 100 metros más adelante. Luces que giran. ¡La Guardia Civil! Un tricornio se acerca parsimoniosamente pero decidido. Ángel, el chófer, baja la ventanilla. El uniformado se lleva la mano derecha a la sien:


-Buenas noches. ¿Algún problema? ¿Usted no sabe que no se puede detener aquí y que, en caso de que lo haga, debe poner los triángulos de emergencia?
-Disculpe agente. Es que un compañero se ha sentido indispuesto y hemos tenido que pararnos de urgencia – señalando con los ojos hacia el arcén.
-¿Me deja la documentación, por favor?
-Aquí tiene.

El agente comprueba que todo está en orden y devuelve los papeles al conductor. Hace un amago de irse pero retorna sobre sus pasos, bordea la furgoneta y se dirige hacia los matorrales del arcén. Desde el interior en silencio del cochecuadrilla, 14 ojos clavados en la oscuridad. Se escucha la hierba seca crujir bajo las botas mientras alguien se incorpora a toda prisa.

-Buenas noches. ¿Se encuentra usted bien?
-Sí, agente. Es que de repente me sentí muy mal y...si me tiene que multar, hágalo, pero le juro que no podía más.
-No se preocupe, no lo haré esta vez…pero, para la próxima, no olvide usted que DEBE PONERSE EL CHALECO REFLECTANTE.


Palabra de Benemérita



*Nota aclaratoria: Por si algún curioso está tentado de preguntar, después de las obvias risas generales, sellamos un pacto de sangre y silencio para no desvelar jamás la identidad del infortunado. ¡El caganer somos todos!