viernes, 30 de abril de 2010

Calma Tensa

Sábado, 5 de Diciembre de 2009

Hoy fue uno de esos días de relativa calma en que las horas pasan lentas. El torero quería evadirse un poco de tanta presión – la procesión va por dentro – y marchó con unos amigos a dar un paseo por la capital y alrededores: Tenochtitlán, el Zócalo, la Virgen de Guadalupe

Yo me quedé en el hotel ensobrando y repartiendo las entradas de encargo - ¡150! – y atento con el apoderado a cualquier novedad-imprevisto que pudiera surgir.

Por la tarde, “monté” el esportón – capotes, muletas, palillos – y le di algunas indicaciones a tener en cuenta sobre las particularidades del torero a Felipe, nuestro “ayuda” mexicano.

Por la noche, cena con la cuadrilla en el restaurante italiano del hotel y a mi habitación a dejar “montada” la silla. Luego, a descansar. Mañana es el gran día…




Improvisada "oficina" de reparto de entradas montada en mi habitación del hotel Presidente. De izquierda a derecha: Juan Antonio De Labra (periodista mexicano responsable de Mundotoro México), Alejandro Otero, Aurelio García "Montoyita" y Curro Vázquez.

jueves, 29 de abril de 2010

La guinda

Viernes, 4 de diciembre de 2009

Esta profesión está llena de días inolvidables. Y hoy, sin duda, fue uno de ellos. Me levanté temprano, a eso de las 9, desayuné y subí a la habitación a preparar las cosas: leotardos, medias, ligas, camisas, un par de vestidos, capotes, muletas, palillos, espadas…a las 11 am habíamos quedado en el hall del hotel con todos los amigos venidos de España para la ocasión. Teníamos una cita muy especial a mediodía en un lugar cercano, y pensamos que a ellos les gustaría acompañarnos a tan singular y exclusivo encuentro.

A eso de las 11:30 am, partió la comitiva formada por 5 ó 6 camionetas dirección Insurgentes. 15 minutos después, ante nuestros ojos, "La México". Acceso restringido, en su interior sólo el personal del coso, la familia del ganadero, nuestros amigos y el impresionante esqueleto de cemento desnudo de la plaza más grande del mundo.

El torero se cambia, sin mucho ritual, en unos desconchados y húmedos vestuarios. Una toalla blanca sobre el frío suelo sirve de improvisada alfombra. Primero, los leotardos y las medias, luego las ligas y la taleguilla…me pide que, hasta el momento de empezar, lleve yo puesta la chaquetilla nueva para ir hablandándole las rígidas mangas. Bajamos por unas estrechas escaleras desde el edificio donde se encuentra el vestuario hasta el patio de cuadrillas, saludamos al personal y nos disponemos a encarar el túnel de entrada que conduce hasta el "hundido anillo".

Como si de un último acto de consideración para con los toreros justo antes de que suenen los “clarines de la verdad” se tratase, el arquitecto, seguramente consciente de la imponencia de la plaza que se disponía a levantar, diseñó un patio de cuadrillas “separado” del callejón y del ruedo propiamente dichos, por un oscuro, largo y descendente túnel desde cuya boca de entrada, debido a su longitud y desnivel, se puede oír, presentir el intimidatorio ambiente de la plaza una tarde de toros, pero no verlo. Sólo a medida que se avanza por el negro corredor, se va dibujando la plaza al final del mismo. Primero, el albero, liso, impoluto, solitario…luego, las primeras filas del tendido bajo. A mitad de camino ya comienza a intuirse la magnitud del escenario mientras los segundos por el oscuro agujero se van haciendo interminables (no quiero ni imaginarme el domingo). El torero desciende firme en taleguilla y camisa; yo, a su lado, con la chaquetilla puesta. “Qué de experiencias tan bonitas estamos viviendo, ¿verdad? Este instante no lo vamos a olvidar nunca”, me comenta sonriente. A través de la boca de salida el cuadro se va completando de abajo a arriba. Aparece la fila 8, la fila 9, unos segundos más tarde el tendido alto y el anfiteatro no numerado. El final se acerca y, ahora sí, como una obra de arte recién acabada, la plaza se ofrece ante nuestros ojos en toda su grandeza. Hueca, vertical, interminable…hasta el mismo punto donde comienza el cielo.

Algo de aire y un buen toro de Xajay para poner la guinda a un mes de entrenamiento ejemplar. De regreso al hotel, inevitable recordar cuando hicimos esta misma operación días antes de la Confirmación en Las Ventas... ¡Qué privilegio!

Mañana, nada de toros. “Jornada de reflexión”. La suerte está echada…
La México, sólo para nuestros ojos...

lunes, 22 de febrero de 2010

Rumbo al DF: el cículo se cierra

Jueves, 3 de Diciembre de 2009

Esta mañana tocaba recoger, dar un último paseo de despedida alrededor de la linde de Jofre – ¡cómo ha crecido la alfalfa desde que llegamos hace ya más de tres semanas! – y despedirnos del personal que tan pendiente ha estado de nosotros todos estos días y tan bien nos ha tratado (nunca faltaba por las mañanas una buena jarra de zumo de naranja natural ni un plato de huevos revueltos – un poquito “picoso” - con pimiento y cebolla).

Por la tarde, otro novillo y otro toro en La Joya. Día a día hemos ido contemplando – disfrutando - la progresión del torero y su adaptación al toro mexicano, de embestida más larga y al que hay que “esperar” más y “hacerle”, normalmente, las cosas “por abajo”. Todo ha estado bien calculado, bien organizado…con los tiempos perfectamente “marcados” por el maestro Curro Vázquez...

Antes de abandonar Querétaro definitivamente, breve paso por el hospital para que le quiten a Cayetano los puntos que le dieron en el labio hace unos días, después de un percance con un novillo en La Joya. Anochece cuando encaramos la autopista dirección sur. Atrás quedan 17 días de campo, 13 vacas, 12 novillos, 2 toros, mucho trabajo y, sobre todo, un montón de “buena gente” y de momentos irrepetibles. Por delante, mucho tráfico, algunos kilómetros y la imponente Ciudad de México esperando impaciente al final del camino. El círculo comienza a cerrarse.

-Por cierto, se me olvidó comentaros…que mañana, finalmente, sí que podremos. Así que tenedlo todo preparado. Nos vemos a las 11 abajo. Ahora, a descansar. Buenas noches…


Mis dos compañeros de habitación todos estos días en Jofre. Ambos de La México: el de la izquierda, del El Juli y el de la derecha, de Pablo Hermoso. Soportaron estoicamente, y sin quejarse, que los tuviera todos los días con las luz encendida, escribiendo o leyendo, hasta altas horas de la madrugada...¡Va por ellos!

domingo, 21 de febrero de 2010

La Joya nuevamente

Miércoles, 2 de Diciembre de 2.009

Hoy el día se levantó bueno, algo frío pero soleado. La rutina de todas las mañana (paseo, toreo de salón…) y, por la tarde, a La Joya, la otra finca de Jouey, a menos de una hora de Jofre, a torear un novillo y un toro. Cayetano se vistió de torero y estuvo muy bien.

Luego, breve paso por Querétaro y vuelta a Jofre. Hoy será nuestra última noche aquí. Nos asaltan sentimientos contradictorios: por un lado, pena por dejar este entorno tan maravilloso pero, por otro, ganas –ansias - de que llegue ya el momento. Al fin y al cabo, para eso estamos aquí.

Cenamos en la cocina entre anécdotas de Curro y Aurelio – ¡cuánto vamos a echar de menos estos momentos! – y luego, a sentarse frente al televisor a ver el vídeo de los tres novillos de hoy. Siempre hay algo que aprender.

Se hace tarde y hay que descansar, que mañana espera un día duro.

-Buenas noches, me voy a la cama.
-Buenas noches, que descanses.
-Por cierto, el viernes al final…
-Todavía no lo sé, mañana os cuento…
-Vale. Ojalá se dé…buenas noches.


La Joya. De izquierda a derecha: Victor de la Serna, José Antonio Carretero (ambos en el burladero), Óscar San Román (con sombrero) y, en el callejón, bebiendo agua, Aitor Sánchez.

viernes, 19 de febrero de 2010

Rueda de Prensa

Martes, 1 de Diciembre de 2.009

La mañana, fría y desapacible, traía malos augurios. Como siempre, nos levantamos temprano, dimos un gran paseo, desayunamos, nos duchamos y partimos para Arroyo Zarco, a una hora de Querétaro dirección sur.

Por el camino, llamó Curro Vázquez para confirmarnos lo que ya nos imaginábamos: que, al haberse “echado” tres toros para atrás, veían mejor cambiar la corrida entera a tener que “montar” la Confirmación” con dos “hierros” distintos. Y, como el maestro va siempre “por delante”, ya tenía en mente alguna que otra ganadería por si surgía – como efectivamente surgió – algún imprevisto.

Llegamos a Arroyo Zarco sobre la 11 a.m. Mucha expectación y casi tantos medios de comunicación como frío y viento. La noticia del cambio de ganadería se había corrido como la pólvora entre los periodistas y la pregunta que todos se hacían era obvia: “¿y ahora qué? ¿Qué corrida vendrá?”. El maestro Curro Vázquez buscó un lugar apartado para cambiar impresiones sobre el tema con su amigo Armillita, parte implicada y gran conocedor de las ganaderías locales. Éste le propuso San Isidro – de Aguascalientes – una de las que Curro tenía en mente. Estuvieron largo rato conversando.

El tiempo pasaba lento mientras el frío y el aire, a 2.700 metros de altitud, lejos de apaciguarse, iban en aumento. Alrededor del mediodía, se decidió también suspender el tentadero. Era imposible torear en esas condiciones.

Me imagino la decepción del ganadero: tantos meses de trabajo, tantas ilusiones puestas en una corrida para ahora verse allí, en su finca, en medio de tres toreros, presentando un bonito cartel en el que, por causas de última hora, no sólo no va su corrida si no que se va a “hablar” de otra ganadería. Delicada situación que, hay que decir en su descargo, supo llevar con clase y entereza.

Por la tarde, después de comer, regresamos a Jofre. Abandonamos Arroyo Zarco con una sensación agridulce: Por un lado, la tranquilidad de que la ganadería sustituta es de la confianza del apoderado; y, por otro, la desilusión de pensar que hace tres años, cuando vinimos a “hacer campo” por estas tierras, aquí tuvimos nuestro primer tentadero y que hubiera sido bonito para rematar la historia, que de aquí saliera también nuestra primera corrida en México…ya habrá otras oportunidades.

Comienzan a llegar los primeros amigos. Hoy, Víctor de La Serna y mañana, Fernando Domecq hijo – Zalduendo -, que está estudiando en San Diego (EEUU) y se va a hacer una “escapada” para aliviar el “mono” de campo y toros. Ambos se vendrán un par de días a Jofre con nosotros. ¡Estamos rozando el overbooking!

Quedan cinco días, entramos en la recta final. Mañana y pasado, tendremos toros “a puerta cerrada” en La Joya, la otra finca de Jouey, muy cerquita de Jofre. La idea es “levantar el campamento” el jueves después de los toros e irnos a dormir al DF para ya no movernos de allí hasta el día 6. Pero para eso, todavía queda. Y, el viernes, quizá cerremos la preparación con una bonita sorpresa…


Rueda de prensa: De izquierda a derecha: El Payo, Un representante de la empresa, Cayetano, el ganadero - Fernando Pérez Salazar - y Armillita.

Cayetano delante de un cartel de un mano a mano de su abuelo con Joselito Huerta.

Los dos maestros intercambiando pareceres...

jueves, 18 de febrero de 2010

Cuenta atrás

Lunes, 30 de Noviembre de 2.009

Hoy lunes entramos en la última semana de entrenamiento…en la cuenta atrás. Curro Vázquez y José Antonio Carretero partieron esta mañana temprano hacia Arroyo Zarco – a una hora de Querétaro dirección sur, es decir, dirección DF – para estar presentes en el “embarque” de la corrida. Y de ahí, siguieron camino del DF - a tres horas de Querétaro dirección sur siguiendo por la misma carretera – para asistir al “desembarque” en los corrales de La México.

Parece ser que el “reconocimiento” de los toros por parte de los veterinarios fue bastante problemático y que han “echado varios para atrás”. Mañana hay tentadero y rueda de prensa conjunta de los tres toreros y el ganadero en Arroyo Zarco, así que allí nos contarán con más detalle. Nosotros – Cayetano, Aurelio, Aitor y yo – partiremos temprano desde Jofre; y Curro y Carretero lo harán desde el DF, donde se han quedado a pasar la noche para poder descansar bien después de un día tenso y agotador.

Por lo demás, pocas novedades, tanto ayer domingo como hoy lunes, entrenamiento físico y toreo de salón pero nada de toros. El gran momento se acerca…

martes, 16 de febrero de 2010

Aurelio


Agonizaba la década de los 60’s cuando Aurelio García Montoya “Montoyita”, ya rozando la treintena, una tarde después de su enésimo fracaso como novillero en Valencia, y aconsejado por un amigo que le facilitó un contacto en Bogotá, decidió cruzar el charco para “hacer las Américas”.

Por aquel entonces, en España, el franquismo se resistía a desaparecer de un país gris y monocolor y los trenes se seguían llenando de gente que viajaba hacia el norte arrastrando pesadas maletas. Y “América” – lejanos tiempos – todavía era una palabra que se asociaba a riqueza y oportunidades. Así que hasta allí partió, con poco dinero y muchas dudas, este gitano sevillano, de la Alameda de Hércules, un día como otro cualquiera de principios de los 70`s.

Rápidamente entró en contacto con los toreros españoles que “desfilaban” por las ferias americanas. Compró y revendió telas para buscarse la vida. Viajó por la Sudamérica taurina (Quito, Caracas…), se adentró por el Amazonas y dio el salto a las islas del Caribe donde, para poder torear, pidió permisos especiales y montó corridas incruentas con cebúes – “lo más parecido que había a un toro bravo” - en lugares tan exóticos como La Martinica o Granada. Le fue mal y le fue bien. Ganó dinero y lo perdió. En sus idas y venidas, recaló en una isla en que pensó que “la gente debía pelearse mucho, porque todos llevaban grandes heridas”, para luego descubrir que aquello no era sino un gran leprosario por el que años atrás también pasara el “novélico” Papillón. Llegó hasta Santo Domingo y de ahí pasó a México donde, en el ecuador de la treintena, se enamoró de “una piel dulce de veinte años” y decidió echar raíces.

Para sobrevivir y sacar adelante a su nueva familia – mujer y dos hijos - , hizo de todo, hasta “maquillar” con betún negro las pezuñas de infumables jamones mexicanos para venderlos con gran éxito como “ibéricos”. La primera mitad de los 80´s le fue propicia y consiguió crear su propia empresa y comprarse una buena casa. Hasta que el “temblor” que asoló la Ciudad de México en el año 85, además de muchas vidas, se llevó por delante su negocio y sus ilusiones. Aquello le hizo plantearse el regresar a España pero finalmente desistió.

Como otras tantas veces, tuvo que reinventarse. Y hoy en día dispone de una pequeña flota de camionetas blindadas que escoltan convoyes de mercancías desde el DF hasta la frontera con Estados Unidos. Asegura que la “gripe A” ha afectado mucho a la frágil economía mexicana en general y a su negocio en particular. Pero ahí sigue él, trabajador incansable, siempre atento al teléfono, acostumbrado a los imprevistos y a los cambios inesperados…y, como todo mexicano, a no pensar nunca a demasiado largo plazo.

Gran amigo de Curro Vázquez desde la primera vez que coincidieron en México allá por el año 70, Cayetano y yo tuvimos la oportunidad de conocerlo hace unos 3 años, cuando vinimos a “hacer campo” por estas tierras. En aquella ocasión, nos recogió en el aeropuerto junto con Alejandro Otero – otro gran amigo de Curro –, y nos llevó directamente, y sin pasar por el hotel, a comer a un concurrido restaurante de la Zona Rosa llamado Casa Bell. Desde el primer momento me cautivó su personalidad: hombre apasionado y alegre, de buena conversación, su voz cascada de ex-fumador empedernido hace aún más personal si cabe su ya de por sí particularísimo acento a medio camino entre gachupín andaluz y mexicano. No se separó de nosotros en los 5 ó 6 días que pasamos por los alrededores de Querétaro. Luego volvimos a coincidir con él unas navidades en España.

Esta vez, como hace 3 años, también fue a recogernos al aeropuerto con Otero - otras circunstancias, otros tiempos. Por aquel entonces, la “Confirmación” era una posibilidad anhelada pero lejana, ahora es una realidad cercana -, fuimos a cenar a una taquería próxima al Hotel Presidente y Aurelio puso a nuestra disposición una de sus camionetas para que nos sirviera de transporte mientras estuviéramos en México. Nos informó de que él partiría en unos días a la feria de Quito y no estaría para la “Confirmación”, cosa que el maestro Curro Vázquez le “reprochó”: “Aurelio, ¿cómo te vas a perder ese día? Cambia el vuelo para poder estar aquí el 6”…El caso es que aquello debió estar toda la noche dándole vueltas en la cabeza al bueno de Aurelio hasta el punto de que, a la mañana siguiente, nada más levantarse, se pasó por el hotel para decirle a su gran amigo: “Curro, que me lo he estado pensando y tienes razón. Que no cambio el billete, que mejor lo anulo. ¿Qué coño hago yo en Quito estando tú aquí? ¡A la chingada! Mientras estés tú en México, donde tú vayas, voy yo”.

Y así es como se vino con nosotros al campo. Todas las mañanas, a las 8, pasa de habitación en habitación, despertándonos: “¡Arriba mis valientes!”. Pantalones de tela marrón oscuro, camiseta interior blanca de tirantes y zapatillas de deporte – única concesión que se permite a la modernidad: “Eso del chándal es algo nuevo en los toreros” -, camina alrededor de la finca dos horas a un ritmo difícil de seguir y luego entrena de salón con el torero con la misma ilusión de un chaval que está empezando.

Aurelio lleva 15 días en el campo con nosotros contagiándonos sus ganas de vivir, sembrándonos el alma de bellas anécdotas de su aventuresca vida y regalándonos frases tan entrañables como “que no vuelva yo nunca más a España si es mentira” o “con ése me apunto yo a una guerra perdía”... pura sabiduría vital.

Pues eso Aurelio, nosotros, contigo, también iríamos a una guerra perdía…


De izquierda a derecha: Cayetano, Aurelio y Ramiro Curá. En Campo Hermoso, después del tentadero.