Hoy fue uno de esos días de relativa calma en que las horas pasan lentas. El torero quería evadirse un poco de tanta presión – la procesión va por dentro – y marchó con unos amigos a dar un paseo por la capital y alrededores: Tenochtitlán, el Zócalo, la Virgen de Guadalupe…
Yo me quedé en el hotel ensobrando y repartiendo las entradas de encargo - ¡150! – y atento con el apoderado a cualquier novedad-imprevisto que pudiera surgir.
Por la tarde, “monté” el esportón – capotes, muletas, palillos – y le di algunas indicaciones a tener en cuenta sobre las particularidades del torero a Felipe, nuestro “ayuda” mexicano.
Por la noche, cena con la cuadrilla en el restaurante italiano del hotel y a mi habitación a dejar “montada” la silla. Luego, a descansar. Mañana es el gran día…
Improvisada "oficina" de reparto de entradas montada en mi habitación del hotel Presidente. De izquierda a derecha: Juan Antonio De Labra (periodista mexicano responsable de Mundotoro México), Alejandro Otero, Aurelio García "Montoyita" y Curro Vázquez.