Hoy, miércoles 6 de Enero, día de Reyes, y a 36 horas de haber llegado a Manizales, nos pusimos realmente a “funcionar”. Nos levantamos temprano, a eso de las 7, y nos dimos un buen desayuno a base de frutas tropicales – ¡qué bueno el jugo de mango! -, arepas y otros manjares. Luego, un paseo por los alrededores y a preparar las cosas: a las 11 am habíamos quedado en lo de Ernesto Gutiérrez, muy cerquita del hotel, para tentar unas vacas y atender a la prensa.
Ya comenté en alguna ocasión que éste es un mundo lleno de imprevistos en el que hay que estar cambiando de planes y solventando problemas a medida que van surgiendo. El caso es que toreaba Cayetano esta mañana a su segunda vaca con la muleta, cuando ésta le propinó, con todo su peso y la inercia que traía, un tremendo pisotón en el tobillo izquierdo que en segundos le imposibilitó si quiera el poder apoyar el pie en el suelo. Se dispararon las alarmas y la preocupación se adueñó de todos nosotros en pocos segundos. Tantos kilómetros para que ahora, un percance, en principio, sin la mayor importancia y que suele suceder con cierta frecuencia en el campo, pueda tener consecuencias más graves de lo normal. La primera medida fue suspender el tentadero y bajar a Manizales en busca de algún médico que nos tranquilizara y descartara lo más temido por todos: una fractura.
Breve fue la consulta y más breve aún el diagnóstico y las indicaciones: Nada serio. Reposo y pastillas. Quizá ése fuera el tratamiento correcto para alguien que trabaja en una oficina, pero no para quien al día siguiente lo que tiene que hacer es torear. Así que salimos de allí con las mismas dudas y preocupaciones que entramos, una pelota por tobillo y pensando, camino del hotel, en buscar un médico especializado en deportistas de élite que fuera capaz de hacer que una persona pasara, en menos de 24 horas, de no poder ni apoyar un tobillo, a ponerse delante de un toro de 500 kilos.
Y de esta forma es como llegamos al doctor Mauricio Osorio, actualmente al servicio del Once Caldas, prestigioso club de fútbol local que llegó incluso a ganar la Copa Libertadores – equivalente sudamericano de la Champions – hace unos 6 años contra mi muy querido Boca Juniors. Su persona nos ha inspirado confianza desde el primer momento. Ha llevado a cabo todas las pruebas pertinentes, ha emitido un diagnóstico y, lo que es más importante para nosotros, ha elaborado un intensivo plan de recuperación que, según afirma, si el torero sigue a rajatabla, no sólo le permitirá apoyar el pie mañana, si no también estar en “condiciones” de poder torear el festival nocturno.
Inmediatamente no pusimos manos a la obra. Esta tarde hubo pinchazos, pastillas, sesiones de fisioterapia, tratamientos a base de electricidad, mucho hielo en la zona y reposo absoluto.
Aitor y yo, mientras tanto, decidimos “probar suerte” en las aguas termales, dándonos un bañito de poco más de media hora antes de cenar que, he de reconocer, nos sentó fenomenal: cuenta Manolo Molés – asiduo a esta feria y a este hotel desde hace más de 20 años – que él, después de una semana aquí a principios de cada año, no vuelve a tener achaques de salud hasta Agosto…ya veremos.
Pasamos por la habitación del torero antes de irnos a dormir. Su estado de ánimo y la “cara” de su tobillo son otros comparados con esta tarde. Mañana vuelve el doctor Osorio a las 7:30 am. En la mente de todos, el festival de dentro de unas horas y, sobre todo, la corrida del día 10. De momento, toca esperar…
Tentando en lo de Ernesto Gutiérrez.