10:30 p.m. Habitación 213 del hotel Reina Victoria. Final de una jornada intensa. Pequeño “break” antes de ducharme. Por mi mente, las imágenes de un día inolvidable: una guitarra, un olivar, una calle, madroñeras, coches de caballos, ¡guapo!, ¡suerte!…y, sobre todo, la faena de Cayetano al sexto toro de la tarde al ritmo de “La Concha Flamenca”.
Me asomo a la terraza. La luna tiñe de plata la escena prolongando mi sensación de irrealidad. Al fondo, el valle del Guadalevín y la Serranía. A mis pies, la estatua de Rilke, eternamente paseando entre palmeras. Y a mi derecha, a tan sólo unos metros, la habitación 208, que algún día habitara el poeta y donde una noche escribió, contemplando este mismo paisaje, que por fin había encontrado la “ciudad soñada”…
Hora de ducharse. Fuera esperan la noche y los amigos. Aunque eso será más tarde. Antes, un asunto pendiente que resolver con dos “pistoleros” venidos de más allá de Sierra Morena. Ya os contaré…


