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martes, 15 de septiembre de 2009

Palencia 2008

La memoria tiene bastante que ver con la geología, los recuerdos nuevos van sedimentando sobre los más antiguos volviéndolos imperceptibles. Cuando regresé a Palencia el año pasado, transcurridos 10 ó 12 desde la primera y única vez, esta ciudad para mí era un festival folklórico, un teatro, frío castellano de Noviembre, dormir en un colegio sin agua caliente, alguna copa de noche, risas, diversión…hoy, un año después, cuando vuelvo a pisar las mismas calles nuevamente, mi memoria de la ciudad ha transmutado completamente. Otros escenarios y otros personajes pueblan mis recuerdos: Plaza de toros, enfermería, final de verano, paseos en solitario por la calle Mayor... y, sobre todo, Cayetano, Curro Vázquez, el AC Palencia y la UVI del “Río Carrión”.

En el hotel, mientras duró la feria, al menos se veía movimiento y colorido. Por ahí pasaron músicos que actuaban en la ciudad, como Sergio Dalma o “Mago de Oz”, actores de teatro en ruta, como Óscar Ladoire, cuadrillas que partían, cuadrillas que llegaban: ¿Cómo está el torero? ¡Qué mala suerte! ¿Para cuánto tiempo tiene? ¿Corta la temporada? ¿Y la Goyesca?...pero en cuanto terminaron las fiestas de San Antolín, es como si el invierno hubiera caído de golpe sobre la ciudad y sobre el hotel. No he conocido un lobby más triste ni más silencioso que el de aquel hotel aquellos días de Septiembre…

Tengo clavada en mi retina una imagen, la de Alvarito Montes (banderillero actualmente a las órdenes de El Juli pero que el año pasado iba con Perera), paseándose por los pasillos con la chaquetilla del flamante traje de goyesco que le acababa de llegar puesta, como si de un niño con zapatos nuevos se tratase. En 2 días estaría estrenándola haciendo el paseíllo sobre el albero rondeño.

Perera, después de torear en Palencia, antes de partir camino de Ronda, se pasó a visitar a Cayetano por el hospital. En la puerta me comentó que nunca había toreado la goyesca y que le hacía muchísima ilusión. Yo sólo atiné a decirle una obviedad: “disfruta, que lo que vas a vivir es un espectáculo único”.

En el “Río Carrión”, sus buenas gentes tenían un poco de manga ancha con nosotros; reconozco que nuestros horarios de visitas eran “bastante” flexibles. La noche de la Goyesca concretamente, Cayetano no podía dormir, me puso un mensaje por si estaba despierto y me quería pasar por el hospital. Me vestí y acudí. Estuvimos charlando en voz baja hasta bien entrada la madrugada. Hablamos sobre las corridas que iba a perder, sobre la próxima temporada, sobre América...es decir, del futuro sobre todo. Le daba vueltas y más vueltas al calendario, especulaba con llegar a las últimas ferias de Octubre, no quería acabar la temporada saliendo por la puerta de la enfermería. Tan comprensible como improbable en aquellas circunstancias.

Regresé al hotel tarde, cerca de las 4 am. Por las calles iluminadas, el cántico de unos borrachos se confundía con el ruido de persianas metálicas al bajar. Un grupo de chicos que buscaba dónde alargar la noche, pasaba junto a un camión de la basura. Gente trabajando, gente divirtiéndose. Al llegar al hotel, el recepcionista, que a esas alturas ya se me hacía un rostro familiar, me preguntó, como cada noche, por cómo evolucionaba el torero. Subí a mi habitación y, justo antes de meterme en la cama, traté de imaginarme Ronda en ese instante. Es curioso, tantas horas de hospital, tantas horas conversando, y ninguno de los dos hicimos comentario alguno sobre lo que habría pasado esa tarde en la Goyesca. No hacía falta, seguro que los dos lo sabíamos.