Es tal el mimetismo de Remy con su obra que, cuando te encuentras delante de él por primera vez, tienes la sensación de estar ante una figura emergida de uno de sus lienzos. Siempre de negro, de trazos sencillos y aspecto frágil, al verlo, uno piensa que el desarrollo de un estilo propio debió ir parejo al modelado de un personaje a la medida.Conocí a Remy hace ya algún tiempo, en Cuenca, a donde él había llegado varios años atrás procedente de La Roda (Albacete) en busca de su propio destino. Esa noche, entre copa y copa, conversamos de pintura, de toros, de proyectos…y ya bien entrada la madrugada, me llevó a su casa-estudio. Todo era un poco surrealista, empezando por el acceso a la casa, a través de un bar de copas ("suelo trabajar de noche, así que no me importa el ruido"). Había que atravesar el local entero y, al fondo del mismo, unas escaleras servían de entrada a la casa-estudio que ocupaba las 3 ó 4 plantas que tenía el edificio. A medida que avanzábamos ascendiendo por ese “desorden ordenado” que era su hábitat, me iba mostrando cuadros acabados, cuadros por terminar, esculturas hechas con materiales reciclados, el tomo del Cossío (la biblia del toreo) en que él ha quedado inmortalizado, me habló de su "obsesión" por las maletas…y confundida con todo ese despliegue de arte, su cama, como una obra de reciclaje más.
Luego nos hemos vuelto a ver en varias ocasiones: Cuenca nuevamente, Madrid… y la penúltima vez en Granada, hace unos meses, en donde se había instalado un año atrás continuando con la búsqueda de su propio destino. Caminamos desde su casa en la Gran Vía hasta Puerta Real y, tomando un café en el antiguo Suizo*, me volvió a hablar de toros, de pintura y de su idea recurrente de cambiar nuevamente de aires (“aquí he tocado techo, no puedo crecer más”).
Días atrás, coincidiendo con que toreábamos cerca de Granada, nos volvimos a encontrar. Estuvimos tomando una copa en el Eshavira (¡cuánto tiempo sin entrar aquí!), en la zona de calle Elvira. Su idea de cambiar de aires se había afianzado (“cuando llegue el otoño, porque todavía tengo compromisos que cumplir aquí”). Estaba feliz, contento, ilusionado…
La temática de sus cuadros gira en torno a dos pilares fundamentales, la tauromaquia y el flamenco, pero tiene otras líneas entre las cuales hay una por la que siento especial debilidad: el Jazz. Pues bien, esos nuevos proyectos quizá le lleven más cerca de Bourbon Street que de la calle Alcalá.
Desde esta orilla, estaremos pendientes. ¡Suerte maestro!
*El Suizo era un clásico café de fines del S. XIX y principios del S. XX. Lugar de reunión de Lorca y toda la intelectualidad granadina de su época, yo, que cuando lo conocí, ya en su etapa de decadencia, todavía conservaba el glamour y la solera de otros tiempos, me niego a llamarlo Café Häagen Dazs. ¿me entendeis, no?
