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lunes, 16 de noviembre de 2009

Lorca

En esta profesión errante de eterno viajero, uno acaba relacionando los acontecimientos históricos con las ciudades en las que le tocó vivirlos. Pongo ejemplos: si alguien menciona la muerte de Michael Jackson, yo rápidamente la asociaré con Alicante; si preguntan por la final de la Eurocopa que ganó España, yo responderé “Segovia”; si en una reunión se saca a colación la enésima derrota de Madrid como ciudad olímpica, yo pensaré en Alquerías (no porque opine que sería mejor candidata – quién sabe – sino porque allí nos pilló la deliberación final).

Pues bien, en este sentido, la muerte de Juan Pablo II la relaciono con Lorca. Era una fría noche de Abril de 2005, Cayetano había hecho su presentación con picadores la semana anterior en Ronda, acabábamos de llegar al hotel y puse la tele. La noticia, no por esperada dejó de impactarme: El Papa con el que había crecido mi generación, el único que habíamos conocido, después de 27 años “reinando”, acababa de fallecer. Mi imagen de aquella noche será ya para siempre la de la Alcazaba árabe de Lorca iluminada sobre su árida colina, mientras alguien en la tele daba la noticia.

4 años después, aquí estamos de vuelta. Misma ciudad y mismo hotel, aunque circunstancias distintas. En aquella ocasión vinimos en Abril, no eran las fiestas patronales y el bullicio en el hotel se limitaba a un grupo de paisanos ávidos por sacarse una foto y ver de cerca a los toreros. Esta vez regresamos en Septiembre, plenas fiestas locales. El lobby está poblado de chicas vestidas de gitana. Una gran carpa blanca, de cuyo interior no paran de “salir” rumbas y sevillanas a todo volumen, cubre los jardines de la entrada. Cierto que el hotel está situado junto a la plaza, pero quizá fue mala idea venir en esta época.

En cuanto a la corrida, bien. Cayetano disfrutó muchísimo con su segundo toro, de poca fuerza pero mucho temple. Mismo cartel que el día anterior. Los 3 toreros a hombros. Ahora a descansar unos días y prepararse para la siguiente parada: Barcelona.


Terraza de mi habitación en Lorca.

Guadalajara

La convivencia con la cuadrilla es tan intensa – 24 horas – y tan prolongada a lo largo del año, que es inevitable que acabemos formando una singular familia. No en vano, durante la temporada, pasamos más tiempo juntos que el que podemos dedicar a nuestros propios familiares y amigos.

Este particular concepto de familia, lo podemos hacer extensible a los miembros de las otras cuadrillas con las que coincidimos con frecuencia durante una temporada. Es decir, para que nos entendamos, si a los miembros de nuestra cuadrilla les otorgáramos el grado de “hermanos”, a los de esas cuadrillas con las que toreamos seguido, les podríamos conceder el de “primos”. Y este sería el caso de la de Manzanares con respecto a la nuestra esta temporada que está a punto de finalizar.

En Guadalajara coincide que es el cumpleaños de Javi, el mozo de espadas de Jose Mari. Por este motivo, tras el sorteo, nos emplaza a todos a acudir a la cafetería del hotel para invitarnos a un aperitivo mientras vemos Tendido Cero. Mucho compañerismo, bastantes risas y algunos chistes. El acento andaluz confundido con el extremeño, el valenciano o el madrileño. Finaliza Septiembre y con él la temporada. Ahora deseamos que acabe, en unas semanas nos estaremos echando de menos…

En cuanto a la corrida, tarde fría pero de mucho ambiente. Cayetano por la Puerta Grande. Mañana repetimos cartel. Esta vez en Lorca.


Guadalajara, Septiembre de 2009. Cumple de Javi, mozo de espadas de Manzanares. Aperitivo en su honor previo a la comida. Ambas cuadrillas casi al completo.